Concierto Paysano – Zela Bar
Un divertido y estimulante collage fanzineroso juntando imágenes clásicas como la foto del cargador cusqueño de Chambi con el rayo amarillo de Bad Brains, nos anunciaba el concierto Paysano como parte de una continuidad de la escena subterránea de los ochentas en las escenas musicales alternas que vivimos hoy. La realidad fue aún más impactante, pues ese viernes en el Zela Bar pudimos observar las dos caras de la moneda del rock independiente, gracias a la gran cantidad de virtudes, problemas y soluciones que se dejaron ver esa noche.
The muertos tuvo la posibilidad de hacer un concierto redondo. Pero, a pesar de tener el público a su favor, con gente que había asistido temprano exclusivamente para verlos, que se sabía las canciones antiguas y reaccionaba muy bien ante las canciones nuevas, tener todo el tiempo que quisieran para tocar y tener el equipo funcionando bastante bien, dejaron que la oportunidad de “romperla” esa noche, pasara ante sus ojos, brindando uno de sus conciertos más desordenados.
Musicalmente suenan sólidos, los temas nuevos, mucho más hardcore que rockabilly, son fuertes, rápidos e interesantes y su guitarrista cada vez toca mejor. Lamentablemente su solidez como banda se ve interrumpida por el sentido del humor del bajista, que no se entiende e impide que la banda ofrezca una presentación de calidad, a partir de desestimando la posibilidad de tocar temas nuevos y teniendo hartos inicios en falso (angustiosa situación en la que yo también he estado y que no le deseo a nadie) Eso sí, es razonable que no quiera tocar dos covers de nirvana en el mismo concierto ya habiendo tocado uno. Pero lo más incómodo para el público es como las dos cuerdas no logran ponerse de acuerdo entre sí con qué tema tocar, con lo cual se interrumpe continuamente las transiciones de temas.
En un principio, para quienes captaran el chiste en el error, podría omitirse. Pero ahora, con la banda sonando como una de las propuestas emergentes más interesantes en las escenas, necesitan plantarse en proporción al nombre que se van ganando. Si simplemente hubieran seguido una lista de canciones, podría haber sido una de sus mejores presentaciones. Tenían todo para que fuera así.
Me dejaron con la duda de hacer esta crónica e informarles de tan penoso incidente. Pero la verdad es que es lamentable que una banda con un presente tan positivo y un futuro tan prometedor, se autosabotee pisándose los pasadores antes de cada canción. Resultan ser una banda tan radicalmente sincera, que dejan ver sus falencias transparentemente. Si saben que las tienen, no vendría mal trabajar un poco sobre ellas. Claro, es decisión de cada uno, depende de a dónde quieran llegar.
Rápidamente subió a escena La Maldita Costumbre.
Nuestra maldita viene realizando un trabajo constante, tocando y organizando tocadas en Ate, el distrito al que orgullosamente representan. Resulta audible y evidente que son una banda que en este momento mantiene cierto ritmo de ensayo y que está logrando cuajar un repertorio que va del ska two tone (con énfasis de coro futbolero cual ska argentino) a interesantes experimentos con salsa y ritmos latinos. El lanzamiento por descarga de una producción les ha permitido afianzar un público fiel, que sigue a la banda a todas las presentaciones posibles y se sabe las canciones. Ese fue un factor clave para la emotiva presentación de la Maldita Costumbre esa noche.
Luego de breves instantes de empezada su presentación; con las voces, percusión y trombón sonando adecuadamente por el sistema de amplificación del concierto; este se apagaría intempestivamente ante la desesperación del sonidista del local, los músicos y el público. Incluso varios amigos de la banda que nos encontrábamos entre el público buscamos el solucionar el problema, pero no lo lográbamos. Los integrantes de la maldita, ante las circunstancias adversas, arremetieron con convicción con el coreuta-trombonista cantando todas las canciones con el público, el cual subía y bajaba del escenario, hasta quitándole los cigarros a los integrantes de la banda.
El hecho de seguir adelante a pesar de no tener micrófonos hacía que todos los presentes asumieran el momento con mayor convicción, llenándose el público y escenario de sonrisas de felicidad. Ni siquiera el hecho de que se apagara el amplificador de guitarra rítmica varias veces, impidió que la banda saliera adelante con un repertorio cantado entre público y banda. Un verdadero ejemplo de comunión, igualdad y solidaridad. Sin exagerar.
En medio de la apasionada presentación de La Maldita Costumbre, se revisaron todas las conexiones del equipo, desde micrófonos, cableado, manguera, consola, powers y parlantes… Y NO SONABA! Así que el sonidista del local sentenció “volaron los parlantes”. Sabiendo que Buh tiene varios temas instrumentales o con pocas letras, se planteó el variar el horario, mientras los organizadores iban a conseguir otros parlantes y el cableado adecuado.
Los Buh subieron al escenario para brindar una sólida y compacta presentación, sustentando porqué son una de las bandas más convocadas a conciertos de las bandas post hardcore de barranco y fiestas en el centro. La síntesis de gran cantidad de géneros musicales, hace que sean una banda de identidad propia y difícil clasificación, lo cual mantiene el efecto sorpresa ante la audiencia. Tratándose de un público que no los había escuchado antes, lograron sorprender con su “tecnocore”, despertando paulatinamente a la audiencia, que se mantenía escuchando atenta.
La base de Buh es post hardcore y post punk, con los elementos lúdicos del ska, el funk y varios matices de música electrónica tocada en analógico, música popular peruana y latinoamericana. Esta presentación instrumental más allá de su voluntad, permitió apreciar claramente la pericia instrumental de cada uno de los integrantes. Si bien su uso de armónicos en la guitarra y continua rotación de integrantes entre los diversos instrumentos, suele desconcertar a las audiencias no acostumbradas, la banda está logrando cada vez sonar y plantarse mejor en escena. Nos dejan con las ganas de escuchar el largamente prometido split de Buh con Millones de colores, pero más aún de que saquen una producción propia.
Mientras Buh intentaba tocar un tema cantado, como quien probaba las conexiones, luego de varios intentos el sonidista del local logró conectar adecuadamente el sistema de sonido, permitiendo que regresen las voces.
Luego de una breve y algo agitada instalación, el alma regresó al cuerpo a los organizadores. Pues si bien la maldita había dado un concierto a puro pulmón y Buh había mostrado sus temas en plan instrumental… no era lo ideal que las bandas que seguían, incluyendo a la banda anfitriona, que convocaba a su concierto profondos, no pudieran cantar.
Lo que siguió a continuación fue una de las presentaciones más demoledoras que hayamos podido ver de Los Mortero (y hemos visto varias) Con cada uno de los integrantes, seguro y canchero en su instrumento, las canciones del disco debut “Pisar un bicho” arremetieron contra una audiencia que las estaba esperando. Nuevamente queda demostrado que banda que graba, toca mejor y que sacar un disco, afianza el repertorio de la banda en la memoria de la gente. Dicho de otra manera: la gente canto todas las canciones y la banda las tocó mejor que bien.
Mauricio Vicente Farromeque es, sin lugar a dudas, uno de los mejores cantantes de su generación. Tanto por proyección vocal, como por presencia escénica. El detalle es que, para quien conoce, el rastro de la escuela de Mario Castañeda de Héroe Inocente y de él a Evaristo de La Polla Records, es demasiado evidente. Tocará el seguir en la búsqueda para encontrar un estilo propio, el cual podemos decir que la banda está logrando a nivel sonoro, sintetizando las experiencias en la escena del Agustino, entre las bandas de la Agraria y la identidad de pankeke de la costanera.
Los Suicidas comparten parte de ese origen, no sólo por tener el mismo guitarrista que Los Mortero, que a su vez es hermano de los cantantes de ambas bandas, si no porque su baterista “el cubano”, estudió en la Agraria. El hecho es que había bastante expectativa por darnos el gusto de escuchar nuevamente a Suicidas después de varios meses de relativo silencio, debido a que en sus tres integrantes se han dedicado a uno de los ensambles musicales locales en boga y despegue: La Nueva Invasión.
Como si no fuera suficiente la sucesión de eventos desafortunados presentados y solucionados a lo largo del concierto, el cubano venía de tocar en el fin de ciclo de su universidad y de estar toneando en el mismo local, tomando tanta alegría líquida que la correcta ejecución de los tiempos de las canciones, era simplemente imposible.
La borrachera del cubano no le impediría rechazar todos los llamados de ayuda, incluso de cambio de baterista. Más bien le impulsaría a afirmarse en su papel y decidir tocar siete temas, en la medida de lo posible. A continuación tuvimos una jocosa presentación, en la que los amigos disfrutábamos del esfuerzo por tocar las canciones, incluyendo los nuevos hits “cubano está borracho y yo no sé qué hacer” y “cuando estás borracho todo suena bien”. Lamentablemente para el público que no conocía a la banda, no necesariamente se entendía bien qué estaba pasando, pero eso no impidió que la gente se divirtiera. Realmente se tuvo un público muy entregado, algo que se venía extrañando.
Problemas y soluciones en una escena en la que las bandas mejoran musicalmente a pasos agigantados y aunque pocos se atrevan a decirlo… nosotros (y los más viejos) no sonábamos así cuando teníamos alrededor de 20 años. El detalle es que esta gente conoce de su pasado local y global, el rock subterráneo ochentero, el hardcore de Boston o las tres olas del ska no son ajenos para ellos, si no insumos para construir sus propios sueños. Y cuando la cosa se torna oscura, se podrá recurrir a las soluciones aprendidas del pasado, sacando las cosas adelante con solidaridad y actitud, como buenos paisanos.













